COLUMNA | Las lecciones de Brasil: Del Progreso al Orden

COLUMNA | Las lecciones de Brasil: Del Progreso al Orden

Comparte esta nota
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter

por Luis Jara
vicepresidente de Organizaciones Sociales

Brasil es un país lleno de contrastes: en su clima, cultura, gastronomía, religión y vida diaria. Brasileros y su entorno hacen ver que no es común un equilibrio de sus desiciones y sus necesidades. Hoy es el Orden el que predominará por la fuerza radicalizada de Bolsonaro y la ultraderecha con complicidad de los sectores conservadores de la iglesia. Quedando el Progreso rezagado a una condición de perdida total de credibilidad.

Deberemos trabajar para que el péndulo esté nuevamente con el pueblo. Recuperar confianzas será un pedregoso camino, donde proponer un proyecto participativo y transparente, validado por un trabajo horizontal con la gente, debe ser un principio básico para todas las fuerzas progresistas en Latinoamérica.

Habrá que preguntarse entonces, por qué sectores emergentes de la población que fueron beneficiados en los gobiernos progresistas de America Latina, hoy con una inmensa inconformidad abandonan la prosperidad buscando un modelo reaccionario. Es el caso de Chile, Argentina, Perú, Colombia y ahora Brasil que tienen ese factor común; y que ponen los casos de Venezuela, Ecuador, Uruguay y Bolivia complementando la respuesta de la ecuación.

Brasil habló claro. La gente hoy vota contra la delincuencia, la corrupción, inestabilidad económica y la inseguridad laboral. En el fondo, la violencia que cultiva un sistema salvajemente competitivo e individualista como lo es el Neoliberalismo, tiene como prioridad hoy a la seguridad pragmática y cortoplacista basada en la represión.

Por eso vota la gente, pese a todo ese nefasto curriculum conservador facsistoide o al Dicom de empresario corrupto que negoció por fuera de las reglas del mercado. Porque tiene miedo y porque ve que los líderes de izquierda “no han hecho nada salvo llenarse los bolsillos”. En eso está el sentido común hoy, y ese también ha sido el trabajo comunicacional al que contribuyeron los medios de comunicación hegemónicos y las redes sociales.

Las y los Progresistas no estamos para llenarnos los bolsillos ni caer en titubeos, sino para trabajar desde y hacia la gente. Trabajar para realizar proyectos que disminuyan la delincuencia y aumentar la seguridad pública. Trabajar por una sociedad donde el éxito personal no sea un sentido obligado, ni esté por sobre todo valor ético y moral. Que la búsqueda de la felicidad sea también el impulso de una búsqueda del bienestar colectivo, logrado a través de proyectos inclusivos en donde se trabaje con los ciudadanos, ofreciendo soluciones.

Se requieren menos diagnósticos donde se hable de los problemas comunes y cotidianos que ya todos conocen, y sí son bienvenidas  nuevas soluciones. Para eso, debemos convocar a la ciudadania desilusionada de la tradicional clase política a construir esas respuestas y soluciones.Democratizar la política es hacerla con la gente. Lo contrario es que continúe siendo un ejercicio de las élites.

La ciudadanía construyendo el progreso o élites llamando al orden. Pueblo o Bolsonaro. Son las lecciones de Brasil.

Pro
X