Columna | “Todo por el pueblo, pero sin el pueblo”

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Por: Cristián Mora
Consejero Región de Maule

La clase política nuevamente decidiendo por la mayoría ciudadana que se ha movilizado transversalmente a nivel nacional. El acuerdo de los presidentes de las distintas colectividades bautizaron el negociado como el “Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución”, catalogando el mismo como “Acuerdo Histórico Nacional”. Sin embargo, esta propuesta presentada por el Parlamento, representa un verdadero “Pacto De Acero” para excluir al movimiento Social y Popular. El oficialismo y la oposición, como dos caras de la misma moneda, apelan al cuidado de la democracia e intitucionalidad. Cuando en realidad han sido ellos quienes la han vendido y dinamitado en función de sus privilegios al servicio del modelo.

Pretender señalar que este acuerdo es nacional, cuando en realidad se excluye a los movimientos sociales, asambleas populares, cabildos ciudadanos y, por extensión, a la trasversalidad de la sociedad civíl en general, es seguir reproduciendo esa lógica de “En la medida de lo posible” nacida al amparo de la democracia tutelada muy justificada por los políticos y civilesde los 90’s, muchos de los cuales aún siguen viviendo a costa de la ciudadanía.

“La Historia se repite, ése es uno de los errores de la historia”, cuanta razón tenía Charles Darwin con su frase que puede ser aplicada a cualquier tiempo y época. Y Chile, es un verdadero “deja vú” social y político.

Nuestra “democracia” se establece como un verdadero “Despotismo Ilustrado” propio del siglo XVIII, donde su principal postulado se aplica al contexto actual “Todo por el pueblo, pero sin el pueblo” relegando a la ciudadanía a un mero instrumento electoral que debe elegir a sus representantes, sin tener participación real y vinculante en las decisiones que afectan directamente las distintas esferas de su vida (Salud, Educación, AFP’s, privatización del agua, etc).

Es inconcebible que el Congreso, la institución más desprestigiada y desacreditada ante la gente, imponga un acuerdo que no es Nacional ni menos Histórico. No es nacional porque no incluye a los actores sociales de las distintas áreas sociales que exigen y demandan por un nuevo Pacto Social. Tampoco histórico porque la elite política sigue replicando las mismas trampas y mañas desde el nacimiento de nuestra vida republicana como nación, hace 200 años.

La propuesta impuesta estable un plebiscito de entrada en abril del 2020, cuya consulta plantea dos preguntas. Primero, si la ciudadanía quiere una Nueva Constitución y, segundo, los mecanismos que desea para elaborar la nueva Carta Fundamental; Convención Constituyente (reemplazando el término Asamblea para no izquierdizar el proceso, según
los honorables más dogmáticos) integrado en su totalidad por ciudadanas/ciudadanos y Convención Mixta concediendo en partes iguales la representación entre ciudadanos y parlamentarios. Los delegados constituyentes serán electos en las próximas elecciones Municipales conjuntamente con los Gobernadores regionales, alcaldes y concejales.

La letra chica de este punto, radica en el sistema electoral de elección donde el mismo método utilizado para elección de parlamentarios (Método D’Hont) entrega el monopolio a las colectividades políticas para conformar las listas, obstaculizando la participación de independientes (y si lo hacen, deben sacar más votos que una lista).

Por lo anterior, otro de los trucos se funda en la posibilidad de quienes tengan un cargo de elección popular en ejercicio renuncien para optar a participar en el proceso. El punto, los delegados constituyentes en el proceso no pueden volver optar a un cargo de representación popular por un año. Sacando cuentas, el año establecido para tal efecto se cumple coincidentemente el 2021, para las elecciones presidenciales, parlamentarias y CORE’s. Saque usted sus propias conclusiones.

Mientras no se integren a la discusión y deliberaciones la trasversalidad de los actores sociales para diseñar una nueva carta Magna, el sentir ciudadano seguirá exigiendo participación real en este proceso histórico donde la soberanía popular debe ser protagonista de su futuro.

La ciudadanía, ese gigante profundamente dormido por 30 años, ha despertado con un apetito voraz de Dignidad y sed de Justicia Social, que no se saciará fácilmente mientras la clase política y el gobierno continúen ignorando la realidad.

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