COLUMNA | Tati Allende: Un legado que inspira

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por Mónica Berríos
militante Progresista

La historia ha sido esquiva con el género femenino en cuanto al sitial que este merece en su evolución, múltiples aspectos pudiésemos analizar para entender este absurdo orden, desde los estereotipos culturales impuestos pasando por una visión androcéntrica y las relaciones desiguales de poder. Sin embargo, en medio de la densa nube de una historia escrita de manera sesgada, surge ella, a pesar del ejercicio voluntario del olvido, emerge ella.

La imagino en una niñez feliz, una familia pequeña con 2 hermanas más que fueron muy unidas (testimonio de Isabel Allende), una niña de gran inteligencia amada por su familia y que forjó sus ideales al lado de su padre  a quien admiró y amó profundamente, este amor y lealtad además de sus convicciones la llevan a permanecer junto a él a pesar de su avanzado embarazo hasta el nefasto 11 de septiembre de 1973, solo abandona el palacio presidencial La Moneda junto a su hermana Isabel y otras mujeres obligada por su padre el Presidente de Chile, antes de esto se había dado a la tarea de guiar a su hermana Carmen y familia a ponerse a salvo, protegerse. Les habló de que el golpe era inminente y les dio instrucciones al respecto (testimonio de Héctor Sepúlveda, su cuñado), el alto sentido de responsabilidad y amor también la guían después del golpe de estado y ya en el exilio en Cuba a apoyar a su  madre, hermanas y sus familias que residían en México, hasta donde viaja en varias ocasiones para  acompañarlas, pero también para instruirlas en torno a las acciones políticas de la unidad de la izquierda chilena ante el momento histórico que no solamente se había llevado a su padre si no a muchos dirigentes hombres y mujeres asesinados, desaparecidos, detenidos por la cruenta dictadura. la solidaridad con el pueblo chileno se convirtió en una nueva e incansable tarea política para Tati Allende hasta el día de su temprana muerte, una desaparición que ella misma decidió y ejecutó.

La juventud de Beatriz Tati Allende estuvo marcada por el amor y la entrega, por la lucha en favor de los más desposeídos pero también contra los enemigos de un pueblo que vive las injusticias sociales, las diferencias culturales, la explotación, el abuso, decidida a ser protagonista de los cambios durante su permanencia en Cuba se impregna de las ideas libertarias del che Guevara, asume tareas como profesional de la medicina en la retaguardia de la guerrilla y se convierte en la combatiente Marcela en las montañas de Bolivia. Abandona esa tarea insurgente solo para convertirse en la secretaria política de Salvador Allende en La Moneda y quien le acompaña en cada paso y en cada conquista, en un trabajo incesante ante la gran deuda social que existía en Chile.

Tati Allende era la militante socialista, la cercana a otros partidos de izquierda, la amiga de entrañables líderes como Miguel Enríquez, la luz, la energía, la inagotable, era sagaz y valiente, la mujer reconocida con una inteligencia superior, la guía y protectora del resto de su familia en esos momentos y, aún después de su muerte, su nombre ha renacido como homenaje en los descendientes de su familia.

Un manto de olvido se cierne sobre su ejemplo de vida durante muchos años, era mujer, era irreverente, era protagonista, era líder y era auténtica, hoy mujeres con sueños e ideales como ella queremos rescatarla a través de nuestras acciones, que camine una vez más junto a nosotras, que emerja desde las sombras la esencia de una mujer única, auténtica, pero sobre todo dueña de un gran compromiso sin fronteras.

Porque como Tati creemos firmemente que “la unidad, el compromiso y la acción” nos guiará en la transformación.

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