[Columna] La Viuda Negra de Marvel, la mafia estadounidense y la dictadura cívico–militar de Augusto Pinochet

[Columna] La Viuda Negra de Marvel, la mafia estadounidense y la dictadura cívico–militar de Augusto Pinochet

Por Víctor Osorio.
El autor es periodista y director ejecutivo de la Fundación Progresa.

Un éxito fue el estreno de “Black Widow” (Viuda Negra), película de Marvel Entertainment, que se basa en uno de los personajes de los comics de la compañía estadounidense: una espía del comunismo soviético, Natasha Romanoff, que deserta a los Estados Unidos. Puede resultar sorprendente, por aquella razón, que una de sus sagas esenciales contenga una devastadora denuncia de la dictadura de Augusto Pinochet: un dato que con seguridad es desconocido por el gran público de la obra cinematográfica.

Fue un estreno esperado, por sus sucesivas postergaciones a consecuencia de la COVID–19 y también por la amplia popularidad de la Viuda Negra en los universos de Marvel en el cine y los comics. Es protagonizada por la aclamada actriz Scarlett Johansson, que estuvo a cargo del papel en ocho producciones previas, desde “Iron Man 2” (2010) que inauguró la saga cinematográfica de la compañía. Inicialmente estaba prevista para ser estrenada el 30 de abril del año pasado. Tras reiteradas reprogramaciones, llegó a las audiencias el jueves 8 de julio, con una estrategia diseñada por The Walt Disney Company –propietaria de Marvel– que consiste en estrenar a la vez en salas de cine y en su plataforma con una tarifa Premium.

A pesar que la Viuda Negra fue creada en el contexto de las obsesiones anticomunistas propias de la llamada “guerra fría” en los Estados Unidos, una de las sagas fundamentales de la mitología contemporánea del personaje en el Universo de los comics de Marvel la muestra revalorando sus viejos ideales socialistas, luego que la Casa Blanca la ha tipificado como “terrorista” conforme a la “Ley Patriota” de 2001 por confrontar las actividades ilícitas de una siniestra corporación transnacional. Una de las bases de esta empresa se encuentra en la Base de Guantánamo… Uno de sus ejecutivos es un viejo agente de los aparatos de represión de la dictadura cívico–militar de Pinochet. El relato incluye una denuncia estremecedora de las violaciones a los derechos humanos en los tiempos de la tiranía chilena.

EL ORIGEN DEL PERSONAJE

La Viuda Negra fue creada por Stan Lee, fallecido a fines de 2018 y desde los 60 arquitecto clave de Marvel Comics, una de las dos principales compañías dedicadas a esta actividad en Estados Unidos. En su creación participaron, además, el guionista Don Rico (N. Korok) y el artista Don Heck. El personaje debutó en “Tales of Suspense” N° 52 de abril de 1964. Fue presentada como una agente y espía rusa, que era enviada en una misión encubierta al país del norte por el Primer Ministro soviético Nikita Jrushchov, de quien se mofan por su “figura regordeta”. El primer antagonista de la mujer fue Iron Man, identidad superheroica de Tony Stark, un angelical empresario de la industria de armas de los Estados Unidos: un personaje doblemente heroico, por supuesto, para los argumentistas. Ella era, obvio, una “villana”.

El maniqueísmo absurdo y los estereotipos predominan en los relatos iniciales de la Viuda Negra. En su primera aparición, el propósito de la misión instruida por Jrushchov era matar al desertor ruso Anton Vanko (personaje que también ha aparecido en la saga del cine). Había resuelto trabajar al servicio de Estados Unidos luego de ser vencido allí, cuando “trabajaba para los rojos”, por Iron Man, que le perdona la vida y le explica que “los (norte) americanos no somos asesinos”. La Viuda Negra acepta la tarea impartida por el “camarada líder” o “glorioso líder”, necesaria para “nuestros planes de conquista del mundo”, en la que sería acompañada por otro agente soviético llamado Boris Turgenov. Una de sus fortalezas es que “no somos tan de fiar” como los estadounidenses. La operación fracasa, luego que Vanko mata a Boris y se inmola al mismo tiempo, con la satisfacción de “destruir (…) a un enemigo de la libertad”. El relato concluye con Romanoff, descubierta también por Stark, ocultándose, pero no por la preocupación de ser capturada por Estados Unidos, sino de ser detectada por los soviéticos, pues según se explica la sanción que aplican a una derrota es la muerte…

La siguiente historia, en “Tales of Suspense” N° 53 de mayo de 1964, comienza con la filtración a la prensa de un nuevo proyecto de Stark: un rayo antigravitatorio. Jrushchov medita que sería útil apropiarse del invento y que sería una misión apropiada para la Viuda Negra, pero “se ha estado escondiendo, temiendo mi represalia”. Al mismo tiempo, Romanoff deduce que es la oportunidad para “congraciarse” con la dirección soviética y calcula que es viable porque Stark “como la mayoría de los (norte) americanos es compresivo… ¡y, por lo tanto, débil”. Así que retoma contacto con el tierno empresario armamentista, argumentando que pretende explicarse. La Viuda Negra se logra apropiar de la nueva arma; enterado Jrushchov le señala, compasivo, que está perdonada (“¡ya sabes lo generoso que soy! ¡lo amable que soy!”); y le ordena que, antes de regresar tras el “telón de acero”, debe matar a Stark.  Así, inicia la nueva tarea, ocupando el potencial destructivo del rayo en lo que denomina “mi primer golpe contra la democracia”. En eso estaba, cuando recibe el indeseado refuerzo de otros agentes soviéticos que le informan que la misión debe extenderse a un ataque a Fort Knox, base militar que, además, almacena una gran parte de las reservas de oro.

La acción es derrotada por Iron Man, pero Romanoff alcanza a huir porque el héroe estadounidense prefiere salvar las vidas de los “espías rojos”. La mujer se pregunta: “¿Qué clase de hombres son estos (norte) americanos que arriesgan sus vidas por sus enemigos?”…

En las posteriores apariciones en “Tales of Suspense”, la Viuda Negra continúa como espía rusa en Estados Unidos, trabajando al servicio de sus “amos comunistas”. En este empeño comienza a colaborar con un nuevo personaje enmascarado, Ojo de Halcón (Hawkeye), hábil con el uso del arco y la flecha, y a quien Romanoff pone a disposición la tecnología soviética. En el final del N° 60 de diciembre de 1965, los pérfidos rusos la secuestran en forma inesperada y trasladan por la fuerza a la Unión Soviética. En el N° 64 de abril de 1965, Jrushchov le dice que si no es fusilada de inmediato solo es porque “sería admitir que mi plan ha fallado” y “mis enemigos lo usarían contra mí”, por lo que le exige que persista en la misión de matar a Stark. Para esos efectos, le proporcionarían un uniforme con recursos tecnológicos: botas con ventosas especiales para desplazarse por cualquier superficie y un brazalete que lanza una cuerda de nylon con una ventosa. Se parecería a la araña de la que recibía su nombre.

A Stan Lee parece habérsele escapado en el guión que parece absurdo que los soviéticos la raptaran solo para reiterarle una misión que ya estaba empeñada en ejecutar y para entregarle herramientas para hacerla más posible. En verdad, no era más que una excusa argumental para profundizar la idea de su desafección política. Ella responde a Jrushchov: “¡No lo haré! ¡No me importa lo que me hagas! ¡No seguiré sirviendo a tus malvados propósitos!”. Pero termina accediendo cuando el líder soviético amenaza con atentar contra sus padres. En lo sucesivo, actuara entonces por coacción de su gobierno y no por convicciones.

Pronto desertará a Estados Unidos, acercándose al equipo de superhéroes conocido como “Los Vengadores”. En “Avengers” N° 29 de junio de 1966 se narra una historia en que es capturada otra vez por los soviéticos, los cuales le lavan el cerebro para atacar a los superhéroes. Cuatro números después, en “Avengers” N° 33, se une a Ojo de Halcón en una misión para rescatar al Capitán América, consolidándose en el camino de mutar, en la perspectiva ideológica de los guionistas, en un personaje superheroico: es decir, al servicio del “modo de vida (norte) americano”. Se libera del “condicionamiento mental” soviético y pasa a ser una conversa al capitalismo estadounidense.

Su apariencia también cambiaría: del estereotipo inicial de una femme fatale, con ropa de noche y un velo, hasta un ajustado traje de cuero negro, imagen que la acompaña hasta las películas de la actualidad, y que apareció por primera vez en “The Amazing Spiderman” N° 86 de julio de 1970, diseño de John Romita Sr. Tres años después llegó a ser el decimosexto integrante de Los Vengadores y además trabajó para la agencia (ficticia) estadounidense S.H.I.E.L.D. (Servicio Homologado de Inteligencia, Espionaje, Logística y Defensa).

Las posteriores reinterpretaciones de sus orígenes mantuvieron el sesgo anticomunista: había sido parte de un programa soviético llamado “Viuda Negra”, en que participaron otras jóvenes, a las que se procedió a lavar el cerebro y reescribir sus historias personales, para controlar sus voluntades, y mejorar su fuerza y capacidades con recursos biotecnológicos.

EL CHILE DE PINOCHET

El escritor británico de ciencia ficción Richard K. Morgan fue es el autor de “Altered Carbon” (2002), libro que inspiró una serie de Netflix. Asimismo, fue el creador de dos celebradas sagas de comics de la Viuda Negra, autoconclusivas, pero estrechamente relacionadas. La primera es “Homecoming” (Regreso a Casa), publicada en “Black Widow”, volumen 3, números 1 al 6, entre noviembre de 2004 y abril de 2005. Su título fue traducido al castellano por Editorial Panini de España como “Hogar, Dulce Hogar”. La segunda saga fue llamada “The Things They Say About Her” (Las Cosas que Dicen de Ella, título que se conservaría en la edición hispana) y se publicó en “Black Widow”, volumen 2, números 1 al 6, entre noviembre de 2005 y abril de 2006. En ambos casos los dibujos estuvieron a cargo de Bill Sienkiewickz y Goran Parlov.

La primera edición española de “The Things They Say About Her”, lanzada el 2010, inexplicablemente tenía en la portada la advertencia: “Recomendado sólo para lectores adultos”.

En la historia de ambas sagas se muestra una decadente Rusia prostituida por el capitalismo, lo que hace reflexionar a Natasha Romanoff lo siguiente: “En los viejos tiempos nos hacían temer al Oeste (capitalista). Nos decían que vendrían con tanques y misiles, que destruirían lo que habíamos construido. En vez de eso, llegaron con dinero. Y les ayudamos a derribarlo todo nosotros mismos. Ahora la distancia que separa a ricos y pobres es más grande que nunca (…) A veces me pregunto si debiera haber estado aquí, intentado detener que todo esto llegara a este punto”.

La Viuda Negra mata a Ian McMasters, el “tercer hombre más rico de Miami”, presidente de una corporación estadounidense (Gynacon) dedicada a prácticas mafiosas y que opera en complicidad con el Gobierno Federal y agencias de seguridad estadounidenses. Le quita la vida porque descubre que Gynacon ha obtenido de la mafia de origen ruso información de biotecnología que fue usada en el programa “Viuda Negra”, y están asesinado a mujeres que fueron parte de esa iniciativa soviética. Romanoff se convierte para Estados Unidos en “terrorista”, una de las más buscadas del mundo a merced del Acta Patriota dictada en la Administración Bush. Una joven protegida de la Viuda, Sally Anne Carter, cae en las garras de Gynacon y es enviada a uno de sus laboratorios: un verdadero campo de concentración.

¿Qué hace entonces? Escapa hasta Cuba en busca de la ayuda de una antigua colega en la inteligencia rusa, que fue aspirante a sucederla como “Viuda Negra”: Yelena Belova (quien también aparece en la película, protagonizada por la actriz Florence Pugh). Aunque la visión del relato sobre la realidad de la Isla no es amable, muestra que Belova, reconvertida en modelo y emprendedora, no solo le proporciona ayuda en forma personal, sino que permite que Romanoff cuente con la cooperación de los revolucionarios cubanos.

Su primera tarea es realizar una operación, con ayuda de miembros de las fuerzas especiales cubanas, en contra de una empresa de Miami que en realidad es, según dice Romanoff, “una asociación de crimen organizado barato y un montón de idiotas amargados que creen que Fulgencio Batista fue un héroe”…

La Viuda Negra decide permanecer en Miami cuando encuentra una pista de Gynacon que podría permitirle encontrar a Sally. Mientras realiza indagaciones su presencia es detectada y comienza una feroz cacería de la clase política de Miami, los empresarios mafiosos de la zona (incluyendo los que tienen nexos con el narcotráfico) y las agencias de la seguridad estadounidense contra la “puta ex comunista psicópata que quiere acabar con todo lo que hemos levantado” y que “es una maldita traidora, (que) tiene incluso vínculos” con Cuba.

En este cuadro, se revela que esta corporación, dedicada a la manipulación genética y el tráfico de personas, tiene como uno de sus principales gestores a un chileno: el “coronel doctor Ochoa”. Este es el dialogo entre Sally Anne Carter y una joven latina, Mariela, que también está secuestrada, en que le advierte el grave peligro en que se encuentra.

–Has oído hablar de Pinochet, ¿no?

–¿Pinochet? ¿Qué es, una fragancia?

–¡Madre de Dios, Pinochet! ¡Augusto Pinochet! ¡Era el Presidente de Chile! Has oído hablar de Chile, ¿no?

… (Piensa) Es un país.

–Exacto. Es un país. Verás, hace treinta años, los militares de Chile decidieron que ya era hora de apoderarse de ese país, y a quien no le gustara eso le hicieron desaparecer. ¿Vale?

–¿Desaparecer?

–Exacto, gringa. Hombres entraban en sus casas para llevárselos, o les detenían en plena calle y les metían en coches. Nadie volvía a verlos. Se llevaban hombres, se llevaban mujeres, en ocasiones mujeres embarazadas. No importaba. También se llevaban niños.

La joven latinoamericana concluye su información a Sally: “Les golpeaban, les torturaban con electricidad, a las mujeres las violaban muchas, muchas veces, y a veces llegaban incluso a matarlos (…) Ochoa era uno de esos hombres. Cuando era joven, vuestra CIA le entrenó para la tortura y los interrogatorios”.

Era un oficial militar retirado de Chile: Fernando Ochoa.

La explicación de la joven latina es acompañada por imágenes de secuestros y torturas, y un recuadro con Ochoa compartiendo, con su uniforme y condecoraciones militares, con lo que se supone es la elegante elite chilena.

En otro pasaje del relato, uno de los controladores de Gynacon le comenta al ex agente de Pinochet: “Ya no estás poniéndole electricidad a los periodistas chilenos, Fernando. Por mucho que no te hayas dado cuenta todo eso quedó muy atrás. Ahora tenemos una cuota de mercado de la que preocuparnos”.

Más tarde, Romanoff resume la situación: “Este lugar tiene el nombre de una corporación norteamericana escrito por todas partes. Está dirigido por un criminal de guerra fascista y están cometiendo todos los abusos a los derechos humanos que existen”. Yelena Belova acota que se trataba de “un chileno que era uno de los torturadores de Pinochet”.

El centro de la mafiosa compañía estadounidense es desarticulado por la Viuda Negra, con la ayuda de Belova, el superhéroe Darevil y fuerzas cubanas. No contaremos el detalle del desenlace, salvo que en las escenas finales se escucha un mensaje que se supone procede de las autoridades estadounidenses: “Esos enemigos no podrán esconderse siempre, por muchas mascaras que se pongan (…) Llegará el momento de saldar cuentas”.

Un detalle final: Scarlett Johansson, la actriz más taquillera de la historia, es reconocida en Estados Unidos por sus ideas políticas progresistas y por haber sido una tenaz detractora de la Administración Trump. Cuando el republicano fue derrotado en la última elección, contó: “Yo simplemente lloré (…) Por Dios, se ha terminado. Lo sentí como el final de una guerra, ¿sabes?”.

Fuente: Crónica Digital

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