[Columna] La Pobreza en Chile sigue siendo una consecuencia de la Desigualdad

[Columna] La Pobreza en Chile sigue siendo una consecuencia de la Desigualdad

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Carolina Ceballos

Presidenta Región del Biobío

Frente de Mujeres Progresistas Tati Allende

Unidad en la acción será el camino para avanzar hacia un Chile más libre, soberano, justo, igualitario, sin patriarcado y con la mirada fija hacia una nueva constitución en medio de una crisis sanitaria que nos azota en diferentes frentes pero que no nos dejará quietos ni silentes.

Hace un par de días en diferentes lugares de nuestro país, como era costumbre antes de la llegada del virus y sus restricciones, se realizaba un ritual tradicional que tiene sus inicios durante la conquista española; ésta tradición tenía como objetivo evangelizar y llevar el cristianismo católico a todos los rincones y almas en nuestro territorio. Con el pasar de los años naturalmente el ritual se fue transformando pero continúa activo entre sus adeptos, fieles  a la acción que básicamente consiste en pasar por las casas puerta a puerta con una cruz adornada con flores u otros elementos decorativos, velas y entonar canciones que piden donaciones en alimentos o dinero dependiendo del cariño del dueño/a de casa, para luego ir a dejar la cruz en un lugar previamente establecido. El relato corresponde a la tradición conocida como “La Cruz de Mayo” que se celebra cada dos de mayo, año tras año, que a los ojos de quienes son su grupo de más fieles seguidores, los niños y las niñas, lo más interesante, de acuerdo a mi percepción, es preparar la cruz, cantar por las casas y la comilona. Tradición que al paso del tiempo, a medida que uno va creciendo y deja de verlo con ojos de niña, permite observar en las diferentes épocas condiciones sociales que existían desde sus inicios y que hasta el día de hoy aún se encuentran presentes. Por eso esperábamos con tantas ansias esas comilonas, porque las donaciones solían ser generosas y porque se podía comer más de un plato de la deliciosa preparación que siempre tenía tan buen sabor.

Lo que la “Cruz de Mayo” dejó ver es la profunda pobreza invisibilizada y normalizada que vivían y viven millones de chilenos y chilenas. La pobreza es una carencia, una tremenda injusticia, una gran vulneración que emiten los grandes poderes y los estados, y que a nivel mundial han intentado erradicar sin el mejor de los éxitos, sobretodo en nuestro país.

A nivel mundial 780 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza establecida por uno de los indicadores de las Naciones Unidas, que corresponde a US$1.90 equivalente a 1.600 pesos chilenos aproximadamente; sin embargo la visión y medición de la pobreza ha cambiado cuando entendemos que no es solo el capital el que otorga parámetros de bienestar; de allí que el Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas en conjunto con la iniciativa para el Desarrollo Humano y contra la Pobreza de la universidad de Oxford publican el año 2018 una cifra mucho mayor que la anterior con 1.300 millones de personas en situación de pobreza en un estudio a 104 países. La cifra equivale a un cuarto de la población de los países estudiados y donde la mitad de ellos son niños y niñas según ha explicado el administrador del Programa de las Naciones Unidas Achim Steiner en su oportunidad. Los nuevos índices no miden, como antes, solo el ingreso de capital como medio para garantizar bienestar sino que incorpora diferentes recursos y servicios que deberían ser básicos para entregar una vida sostenible, como la salud, educación, trabajo y seguridad social, vivienda y entorno y cohesión social.

La pobreza es un problema de derechos humanos. Pese a que la tasa mundial se ha reducido a la mitad desde el año 2000, en las regiones de desarrollo, aún 1 de cada 10 personas y sus familias siguen subsistiendo con el umbral promedio de ingresos de US$1.9. De de éstas cifras 122 mujeres entre 25 y 34 años viven en extrema pobreza por cada 100 hombres del mismo grupo etario, 1 de cada 4 niños/as menores a 5 años tiene una estatura inadecuada para su edad producto de los problemas nutricionales, solo el 45% de la población mundial está amparada por un sistema de protección social con al menos una prestación efectiva y donde además debemos pensar que la actual crisis sanitaria dejará peores condiciones. Para poner fin a la vulneración a éste derecho humano  es necesario comprender los indicadores como herramientas para definir estrategias de superación de la pobreza y permitir que millones de personas puedan vivir con dignidad.

Ahora, en latinoamérica se encendieron las alarmas cuando CEPAL anuncia que seis millones de personas caerán en la pobreza para el año recién pasado llegando a un 30,8% de la población de Latinoamérica, en ese sentido las cifras han ido en aumento desde el año 2014, cuando en ése entonces los datos habían llegado a su mínimo en la última década con un 27,8% para la pobreza y un 7,8% para la extrema pobreza.

¿Pero cuando llaman la atención para nuestro país las cifras mundiales de la pobreza? ¿Si en Chile hacia el año 2018 de acuerdo al Banco Mundial alcanzábamos un 6,4%, bastante bajo en relación a quienes llevan los primeros lugares como Honduras con un 52,6%, Venezuela con un 35,6% y México con un 34,8%? ¿Porque continuamos con serios problemas? Pues en esto estamos de acuerdo con muchas opiniones y es la DESIGUALDAD. En Chile un 4,5% de la población no cuenta con servicios higiénicos (para que hablar de los lugares donde no tienen agua, otro gran problema en nuestro país), un 9,8% vive hacinado y los índices de pobreza han tenido un lento avance si vemos que en 1990 llegó a un 39% y en el año 2017 solo alcanzó un 8,6%, de acuerdo a las cifras entregadas el año 2018 por el Ministerio de Desarrollo Social. Los informes de la OCDE indican que somos uno de los países más desiguales dentro de este grupo de naciones a través de su índice GINNI, un coeficiente utilizado para medir desigualdad creada por el estadístico italiano Corrado Gini. La pobreza y la desigualdad están profundamente relacionados pues uno depende de lo otro, por ello es tan importante comprender que las carencias y necesidades de los sectores más pobres nos solo tienen que ver con la falta de ingresos, sino con el problema de distribución de los recursos en nuestros país tanto económicos como sociales y naturales.

Las propuestas que hoy se necesitan para erradicar o disminuir la pobreza y la desigualdad son fundamentales en la nueva patria que tenemos el deber de fundar con una nueva constitución que robustezca el estado y la comunidad, en éste momento histórico, después de 50 años de vivir en la inequidad de acuerdo a una investigación basada en datos del Servicio de Impuestos Internos desde 1962 al 2014, llamada “Investigación ingresos altos en Chile: Una Perspectiva histórica de la desigualdad en los ingresos personales”, realizada por diferentes académicos, donde el año 2016 superaba las cifras de los años 60 y 70. El sueldo ético mínimo de 500.000 pesos chilenos debería ser un derecho y una garantía que aún no se puede otorgar como una de las medidas que se han propuesto, así como el fortalecimiento de políticas públicas de desarrollo social que integren todas las dimensiones para superar la pobreza que sean fuertes y claras prestando atención a las cuestiones de género, infancia, asegurar el acceso a servicios básicos, la propiedad, control de la tierra, cuidado de los recursos naturales para garantizar el acceso del consumo humano y potenciar nuevas tecnologías pueden ser alguno de los aspectos a considerar para igualar la cancha.

Todas las medidas que se decidan implementar, desde su génesis, siempre deben ir de la mano del pueblo. Necesitamos con urgencia volver a escuchar, desgraciadamente no es tarea fácil, pero tengo la convicción de que en este espacio progresista sólo estamos los leales a nuestro pueblo y aunque nuestros rostros cambien habremos dejado semillas para que éstas se encarguen de enrielar a los injustos como desde el 18 de Octubre en nuestra patria lo han hecho millones de chilenas y chilenos despiertos y conscientes, y volveremos a las calles nuevamente y seguiremos alzando la voz con fuerza porque le hoy le volvemos a decir al Presidente Nefasto Sebastián Piñera que no se olvide que llevamos mascarilla pero no bozal.

 

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