Boris Cárdenas Pisfil, presidente metropolitano JPRO
Patricia Oróstica Salazar, secretaria general metropolitana JPRO
Tomás Andreu Ahumada, vicepresidente de finanzas metropolitano JPRO
JPRO Metropolitana
Hemos sido testigos de la palestra política que ha habido entre la oposición y el oficialismo sobre el polémico tema que está hoy en día sobre la mesa del Congreso: el retiro del 10% de las AFP. Y resulta no ser un tema solo político, sino que ha tenido una recepción social abismante en comparación de las desacertadas medidas de apoyo que ha anunciado el gobierno a la “clase media”, que pasan por encima los anhelos inclusivos de los sectores más desfavorecidos, pues estas medidas no poseen ni en su menor medida un porcentaje cuerdo de accesibilidad a estos beneficios por parte de quienes lo necesitan.
Gran parte del oficialismo respaldado por la Oligarquía se ha abocado a una intensa campaña del terror, pero la ciudadanía no se ha dejado engañar, ya que ha vivido en carne propia la poca seguridad social que tiene este país incluso en casos extremos como es una pandemia.
Si bien, honestamente hay que reconocer que esta no es la mejor forma de apoyar a la clase media, el retiro de las AFP es la última herramienta que tendremos que utilizar ante la insuficiencia de un gobierno que siempre llega tarde y con letra chica. Es la opción nacida de representantes del pueblo y acogida por el mismo.
El oficialismo, de manera tajante, ha sido despectivo ante el proyecto del retiro de parte de los ahorros previsionales, pues bien, se sabe que es la columna transversal y monstruosa del mercado de finanzas chileno, del cual bancos, grandes corporaciones y numerosos empleos dependen. Claramente, nos han demostrado que más que representar a la ciudadanía que los eligieron en las urnas de manera democrática, representan a la élite económica.
En consecuencia, el enorme corporativismo de las grandes empresas y la defensa del anticuado sector político ha desprestigiado no solamente la capacidad democrática del Congreso de representar las necesidades de una sociedad, sino que también el entusiasmo aún latente en la política del pueblo chileno. Les obliga a no volver a creer y pensar que la posibilidad real de un cambio profundo en la sociedad es lejano y poco posible.
El retiro de las AFP no es solo una demostración de cómo la política se desenvuelve, sino que también es una oportunidad de remodelar este modelo de la escasa y desconfiada representatividad, es la oportunidad de buscar nuevos horizontes y de que los políticos en el Congreso escuchen este vigoroso grito del pueblo, que es un grito que exige democracia y progreso, y que quienes dicen representar al Pueblo, deberán estar a la altura de quienes los eligieron, y no de quienes los financian.
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