COLUMNA | El trauma de contarle a tu jefe que estás embarazada

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Paula Fuentealba
Militante Progresista

¿Sabían que al año se emiten más de 4.000 denuncias en la Dirección del Trabajo por vulneración de la normativa laboral que protege a la maternidad y derechos parentales? A los 27 años quedé embarazada y la verdad es que fue más traumático contarles a mis jefes que a mi propia familia.

Jamás se tomaron la noticia con normalidad, enseguida empezaron los comentarios: “¿Y no te cuidabas?” ,“¿Qué vas a hacer con una guagua?”, “¡Tan inteligente y con guagua!”. Llevaba seis años trabajando en una empresa, en la cual di todo lo que me pedían: si había que quedarse hasta más tarde, ahí estaba; si había que salir a una reunión a las 4 de la tarde con tremendo sol, no me importaba; si había que organizar un paseo, yo era la primera tirando ideas. Tenía el sueldo ideal para una joven de 25 años, nada me impedía jugármela por mi carrera y mi profesión, hasta que quedé embarazada y todo cambió.

Desde el día uno tuve complicaciones en el trabajo. En mi tercer mes de embarazo presenté la primera licencia médica, tenía síntomas de pérdida debido a la misma presión que sufría. Aún así esto no se detuvo. Comenzaron bajándome los bonos. Aunque trabajaba igual que el resto de los hombres, mis bonos siempre fueron menos, mi sueldo me lo pagaban una semana desfasada del resto. Era la única mujer en la empresa y era “el cacho”. El cacho con guata.

Comenzaron la búsqueda de más personas para cubrir mi cargo durante mi periodo de pre y postnatal, me pidieron encarecidamente que no fuera una mujer, para no pasar por el mismo “problema” que el mío.

Durante varios meses mi sueldo fue menor a lo que había sido en otros tiempos, pues claro mis bonos habían bajado solo por el hecho de estar embarazada. Recuerdo en una reunión de coordinación haberme puesto a llorar, y sentir contracciones al preguntar delante de todos por qué me estaban haciendo pasar por todos esos malos ratos.

Finalmente tomé la decisión de denunciar a la empresa para que regularizaran mis pagos, y ahí comenzó otra guerra en mi contra, la que terminó cuando me despidieron apenas pudieron hacerlo, el día 1 después de terminar mi fuero maternal.

Estuve dos años sin encontrar trabajo fijo, a cada entrevista que iba me preguntaban el motivo de salida de mi trabajo anterior. Además en cada entrevista te preguntan si tienes hijos, inmediatamente les cambiaba la cara a hombres y mujeres al enterarse que tienes uno con menos de dos años.

Uno de los momentos más humillantes fue en una de estas tantas entrevistas, después de llegar y pasarle mi curriculum a la recepcionista me quedé esperando atrás de una puerta, donde se escuchaba todo. La recepcionista entregó mi curriculum a su jefe y le dijo “tiene sólo un problema, tiene una hija”. Pensé en mi interior: “¿Qué le pasa a esa mujer? ¡Ella también es madre! ¿Cómo es posible que entre las mismas mujeres nos discriminemos de esa manera?”. Ni siquiera quise que me entrevistaran, tomé mi cartera y me fui.

Estos son sólo algunas cosas que me pasaron durante este proceso. Hoy trato de ser muy empática con mujeres que viven lo mismo. Ya es difícil la maternidad y el sistema machista te lo hace aún más.

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