COLUMNA | El Piñera de Pinochet

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Rodrigo Pinto
Presidente Juventudes Progresistas

Por más de cuatro décadas la reflexión en la clase política fue lo que tomó cada 11 de septiembre luego del triunfo del plebiscito y el inicio de la transición en 1990. En ello el presidente Piñera contribuyó mucho con su alusión a los cómplices pasivos de la dictadura en agosto de 2013, y reconociendo que en la derecha se sabían las violaciones a los derechos humanos y la crueldad del régimen de Pinochet. Por esos años en una entrevista con La Tercera fue más allá, y entregó una señal políticamente valorable para un jefe de Estado, cuando además aseveró que el apoyo de la derecha al SI, que dejaría a Pinochet y, por tanto, a la dictadura, hasta 1997 en el poder, había sido un error.

Seguramente la reacción en su sector, particularmente en los más duros, fue muy crítica en la interna con la posición de Piñera.

Por eso seis años después, entrando a quinta década y acercándose los 50 años del golpe, la derecha reivindicadora del régimen, ideológicamente partidaria, y económicamente financista del derrocamiento de Allende y del posicionamiento de los valores económicos y sociales del modelo neoliberal instalado en dictadura, ha puesto a raya a Piñera en su segundo gobierno.

Y él, fiel a su estilo, ha preferido llevarse bien a toda costa, para trascender y ser reconocido en la historia, aunque eso signifique quitarse las estrellas de jefe de Estado y demócrata, si hablamos de la interpretación de lo que fue la dictadura cívico militar liderada por Augusto Pinochet.

Este 11 de septiembre tuvo la oportunidad de trascender yendo por el camino difícil, dando cátedras a su sector de valores democráticos tal como en 2013, pero no, prefirió apelar al negacionismo, a no hacer nada en La Moneda, a normalizar lo ocurrido el 11 de septiembre de 1973, al discurso reivindicatorio, al orgullo de la obra y a la justificación de las miles de muertes, torturas, asesinatos y deportaciones que hubo en los 17 años de régimen. En 2019 se ve un Piñera más parecido al de los noventa, senador junto con Pinochet que concentraba a las masas en los sectores altos de la capital para contarles y defender que el general (“ex dictador” y autodesignado senador), debía regresar a Chile mientras era perseguido por la justicia española.

Primó su simpleza, su verdadera esencia, evidenció su profundo agradecimiento y cariño que tuvo con el régimen de Pinochet (o para él “gobierno militar”). Le dio en el gusto a su primo, Andrés Chadwick, que en 1989 daba conferencias de prensa asegurando que ganaría el SI, también a los fundadores de RN y la UDI, los partidos adherentes a Pinochet, y por sobre todo a los ideólogos del modelo y actuales verdaderos dueños del país.

Fiel a su estilo, Piñera le volvió a mentir a la ciudadanía, mintió en agosto de 2013 con La Tercera. Ése fue el Piñera pillo.

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