por Alejandro Navarro Brain
La pandemia por la que atravesamos, puso nuevamente en tela de juicio el modelo chileno en sus áreas claves para la vida humana y, si consideramos que la economía de América Latina y el Caribe sufrirá una contracción de la actividad del 5,3% en 2020, que generará casi 30 millones más de pobres según la CEPAL, vale la pena abrir debates estructurales como el que impulsamos sobre el sistema de pensiones. Proponemos un camino real y concreto para abrir la puerta a un nuevo sistema, esperamos que el Congreso así lo entienda y permita dar un debate necesario.
El Premio Nobel de Economía, Josep Stiglitz acertó en 2017 al señalar que “no podemos confiar en el sector financiero si no lo regulamos, porque engañarán y se aprovecharán de la gente”. En Chile, luego de la contrarrevolución neoliberal que trajo la dictadura, hemos visto situaciones e instituciones concretas que reflejan el sentimiento depredador que señaló Stiglitz hace algunos años. Una de ellas son las Administradoras de Fondos de Pensiones.
Qué duda cabe que el sistema de pensiones chileno, exclusivamente administrado por el sector privado, fracasó en su espíritu de entregar seguridad social para la jubilación de nuestros compatriotas, que ven cómo año a año, la rentabilidad de las pensiones no está garantizada debido al manejo especulativo de sus ahorros en los mercados financieros internacionales.
No tan solo es la OCDE la que evidencia que Chile gasta apenas el 4% del PIB en pensiones, también la Organización Internacional del Trabajo (OIT) fue categórica en su informe N°63 de marzo de 2019 al señalar que el sistema de pensiones chileno había fracasado.
Fuente: El Mostrador
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