COLUMNA | 7 de septiembre: un día negro para la mujer chilena

COLUMNA | 7 de septiembre: un día negro para la mujer chilena

por Gabriella Peirano
militante Progresista

Cada año, las mujeres en Chile están regalando 116 días de trabajo a sus empleadores. Según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el salario de ellas –considerando el mismo trabajo– es un 31,7% menor que el de los hombres, lo que evidencia una importante brecha salarial.

¿Qué significa esto? Significa que si un hombre y una mujer que realizan el mismo trabajo dentro de una empresa empezaran a trabajar el 1 de enero, la mujer cobraría su salario hasta el día 6 de septiembre. Es decir, a partir del día siguiente trabajaría gratis hasta el 31 de diciembre. ¿Qué es esto sino violencia de género?

El Foro Económico Mundial señala que la brecha salarial es un tipo de desigualdad que, a su actual ritmo de disminución, nos tomaría alrededor de 170 años poder erradicar del planeta. Pese a lo que muchos creen, en Chile sí existe una ley que señala que hombres y mujeres deben recibir igual remuneración cuando realizan el mismo trabajo (N° 20.348). Fue promulgada el año 2009 durante el primer gobierno de Michelle Bachelet, pero, pese a que han pasado 9 años, hoy los hombres ganan en promedio $185.000 más que las mujeres ($587.000 ellos y $402.000 ellas, aproximadamente). Hasta marzo de 2018 se habían presentado solo 27 denuncias por vulneración a la Ley de Igualdad de Remuneraciones.

En julio de este año se buscó ir más allá, con una reforma constitucional que señala que es deber del Estado promover la igualdad de derechos y dignidad entre mujeres y hombres, evitando toda forma de violencia, abuso o discriminación arbitraria. Sin embargo, los diputados de Chile Vamos eligieron quedarse solo con el titular, negándose a la igualdad salarial al votar en contra del artículo que señalaba: “Es deber del Estado dar cumplimiento al principio de igualdad de remuneraciones entre hombres y mujeres que presten un mismo trabajo”.

¿Cómo avanzamos entonces?

¿Cuál es nuestro horizonte?

Un camino es ver lo que otros han hecho mejor que nosotros.

Islandia lleva la delantera. A partir de enero de este año exige a las empresas con 25 o más empleados que se sometan a auditorías para obtener un “certificado de igualdad salarial”. En Alemania, en esa misma fecha entró en vigencia una ley que permite a las mujeres que trabajan para empresas con más de 200 empleados a conocer el salario promedio de los hombres que desempeñan una labor similar. El caso de Noruega es interesante porque abordó la problemática desde otro ángulo: en 1993 desarrolló un programa que buscó cambiar la cultura de crianza, asignando una cuota postnatal de 10 semanas para los padres. Esta no podía transferirse a las madres y lograron reducir así la brecha salarial de género a la mitad en 20 años.

Hay que decirlo con todas sus letras: la brecha salarial entre hombres y mujeres es violencia de género, y mientras el Estado no haga nada por combatirla se convierte en cómplice de esa violencia. Es anormal e indecente que a igual responsabilidad e igual función, las mujeres ganen siempre menos que los hombres. No es tolerable en una sociedad que busca ser desarrollada.

La igualdad salarial, aunque importantísima, es solo el comienzo. Nuestro horizonte es la equidad plena y para ello se necesitan más esfuerzos: avanzar y profundizar en educación no sexista, garantizar un salario mínimo digno, fortalecer a los sindicatos y, por qué no, empezar la discusión sobre reconocer, valorar, dignificar y retribuir efectivamente el trabajo no remunerado al interior del hogar, que por lo general es realizado por las mujeres. Hasta que eso no ocurra, el 7 de septiembre seguirá siendo un día negro para millones de mujeres chilenas.

 

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