[Columna] 2020 sin regreso a clases

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Por: Alejandro Navarro

Los antecedentes recogidos aún hacen imposible predecir el comportamiento del COVID-19 en contextos escolares, dificultando enormemente la adopción de las medicas adecuadas. Lo que esperaríamos de un Gobierno responsable, es que ante la duda se abstenga.

No habrá vuelta a clases este año. O, al menos, eso es lo que se podría esperar de un Gobierno que dice aprender de sus errores, que ha llegado tarde con todas sus medidas, pero que, en principio, no quisiera seguir llegando tarde.

No habrá vuelta a clases, porque la evidencia científica es clara al señalar que no hay evidencia científica. Al menos, no concluyente. Así lo aseguró la Revista Science, refiriéndose a los retornos escolares en el mundo como “un vasto y descontrolado experimento”.

Esto, porque los antecedentes recogidos aún hacen imposible predecir el comportamiento del COVID-19 en contextos escolares, dificultando enormemente la adopción de las medicas adecuadas. Lo que esperaríamos de un Gobierno responsable, es que ante la duda se abstenga.

Si no hay evidencia favorable, debe aplicarse el principio precautorio. Sobre todo, en consideración de que tanto Israel como Australia, que prácticamente habían controlado la pandemia, presentaron rebrotes importantes cuyos epicentros fueron, precisamente los establecimientos educacionales. Y, si bien los resultados de diversas investigaciones apuntan hacia una menor presencia del virus en menores de diez años, lo cierto es que los mayores de esa edad presentan la misma vulnerabilidad que el resto de la población.

A ello, se agrega que la vuelta a clases de las y los escolares no implica solo la reapertura de los colegios, sino la implementación de todo el sistema para que los estudiantes puedan asistir a sus respectivos establecimientos. Si la evidencia indica que los mayores de diez años tienen la misma probabilidad de contagio que un adulto, la situación no es muy diferente en el caso de los menores, pues ellos deberían ir acompañados de sus padres al colegio.

En Chile, existen más de 2 millones de pases escolares, y más de 3,5 millones de estudiantes de enseñanza básica y secundaria. La reapertura de los colegios, será al mismo tiempo la reactivación de la locomoción colectiva, como única posibilidad de desplazamiento para los sectores populares.  Si el Gobierno insiste con volver a clases, creará nuevos focos de contagios, sobre todo en los sectores de menos ingresos. Una  bomba de tiempo, con una corta cuenta regresiva. Hará estallar la situación sanitaria una vez más.

Este escenario nos obliga a pensar en alternativas. Si no queremos ahondar la tragedia, es preciso que Chile se plante ante esta nueva realidad, que no será una nueva normalidad, al menos, no hasta que se descubra la vacuna y se administre a la población, tal como lo señaló el Colegio Médico (ColMed).

La educación virtual, parece ser por el momento nuestra mejor salida. Un escenario en que la tasa de analfabetismo está en alza y en el que los analfabetos funcionales alcanzan un 50% de la población, nos obliga a actuar con celeridad.

Es preciso, para ello, ir en tres direcciones congruentes a corto plazo. La primera es aumentar la planta de profesores, al doble si es necesario. Las nuevas modalidades educativas requieren de un trabajo aún más personalizado que el que las y los profesores ya realizan, lo que les demanda mayor tiempo, por lo que muchas veces se ven sobrepasados en sus jornadas regulares, así lo ha denunciado ampliamente el Colegio de Profesores.

La segunda de ellas, es dotar de computadores a todos los estudiantes que lo requieran. Para ello hay fondos disponibles: los $18 mil millones que costaba el SIMCE de este año que no se aplicará y los $12 mil millones de la Evaluación Docente.

La tercera, es avanzar de forma acelerada en la conectividad y el acceso a internet como un derecho social. En estas circunstancias no puede haber niño o niña, que no tenga acceso a la web, ni las plataformas de las clases virtuales. Para ello, necesitamos generar una alianza público-privada que permite una inversión fuerte y eficaz, para que nadie se quede abajo.

La pandemia de COVID-9 y su consecuente emergencia sanitaria han adelantado la necesidad de incorporar mayor tecnología a los procesos de enseñanza-aprendizaje de los estudiantes.

Sabíamos que dicha incorporación era inminente. La actual coyuntura nos obliga a dar un salto adelante. Actualmente, Chile invierte 3,6% del PIB en educación, del que 3% tiene origen fiscal. Si es necesario doblar el presupuesto, hay que hacerlo, pues la realidad nos impone la necesidad de una educación ya no solo, pública y gratuita, sino que, además, con tecnología de punta.

Vivimos, como país, momentos difíciles. Es por ello que no podemos dejar de lado la formación de las y los futuros ciudadanos de nuestro Chile. No hay gastos en educación; la educación siempre es inversión.

Fuente: El Desconcierto

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