Compartimos con Uds. la intervención del vicepresidente de asuntos programáticos del PRO, Camilo Lagos, en la mesa “Neomirismo: la izquierda transformadora del siglo XXI”, que se realizó el viernes 14 de agosto, en el marco del Seminario sobre los 50 años del MIR.
Mesa: “Neomirismo: la izquierda transformadora del siglo XXI”
Biblioteca Nacional, Santiago, 14 de agosto 2015.
I. “Neomirismo”
Resulta difícil partir una exposición con un título que en cierta medida incomoda,
por lo confuso. Ya que hablar de “neomirismo”, significaría querer traer al
presente las experiencia del MIR, o bien promover las ideas del MIR, o bien querer
refundar o ser continuidad del MIR. Y a mi juicio, aquellas experiencias que
existieron, y que pueden haber sido muy dignas, muy legítimas, incluso muy
acertadas en las lecturas de sus momentos históricos, fueron hijas de su tiempo,
necesarias para su tiempo, pero definitivamente, no replicables para los desafíos
históricos del presente. Y más bien, soy de aquellos de los que no creen que es
posible construir un proyecto transformador, y una “izquierda transformadora del
siglo XXI”, con la vista puesta en el espejo retrovisor.
Otra cosa distinta, es que leamos las experiencias de nuestra historia, tratemos de
comprender las formas en que otros compañeros y compañera enfrentaron
dilemas complejos, y por sobre todo, las preguntas que se hicieron (más que las
respuestas que se dieron), porqué en esas preguntas descansa el traspaso de
sabiduría de los pueblos.
Parto entonces diciendo que no me considero un neo-mirista, ni creo que la
izquierda transformadora del siglo XXI pueda descansar en un neo-mirismo que la
inspire o la articule. Pero sí, que soy un admirador de ese proceso histórico, de sus
líderes, del coraje de hacerse cargo de la historia que vivían, y su intento de romper
con los moldes conservadores que predominaban en una izquierda que
rápidamente cargó con la mochila del experimento del socialismo real: En anti-
socialismo.
II. “Re-vindicar la ética”
Pero antes de entrar en esas preguntas que como izquierda transformadora
debemos hacernos, quiero antes hacer una breve reflexión a raíz de la muerte de
Manuel Contreras y la discusión sobre DDHH que se ha abierto nuevamente en el
país desde la re-apertura del caso “quemados”. No quería dejar pasar este espacio
para referirme a esto, y vincularlo al rescate de la memoria histórica de la lucha de
nuestro pueblo.
La transición tuvo entre sus claves exitosas, el instalar la problemática de los DDHH
en el abuso de la fuerza por parte de personajes específicos, que mandatados por
el dictador, tenían como misión eliminar toda oposición al régimen. Esa lectura, de
la cual la izquierda también se hizo eco en los 90`s, trajo consigo una creciente
despolitización y vaciamiento del contenido político e ideológico que significó la
violación a los DDHH, y que no fue otro que: Una política de exterminio y desarme
de toda expresión de organización popular que tuvo como fin último el sentar las
bases de un modelo económico, social y político, que excluye hasta el día de hoy a
las mayorías y acrecienta las brechas de desigualdad. El modelo neoliberal.
Por tanto, ni la muerte de Pinochet, ni de Contreras, ni el suicidio de sus esbirros, ni
el desfile de milicos condenados puede hacernos olvidar que estos actuaban
simplemente de “sicarios”, y donde sus patrones no vestían de uniforme militar, y
ni siquiera estuvieron en los espacios de administración estatal de la dictadura.
Sino en sus empresas, amasando riquezas y haciéndose de este país.
Esta es una batalla ideológica que creo es esencial dar, porque frente a tanto
ataque de la derecha (a este seminario incluso), a este juego del “empate” que
algunos de sus voceros e intelectuales intentan en todo momento instalar, e
incluso frente a ese discurso hipócrita de ciertos sectores más jóvenes de la
derecha que dicen condenar la violación de los DDHH de la dictadura, pero piden
con descaro que nosotros condenemos la lucha legítima de la resistencia popular
en la dictadura, o incluso el desborde popular en la UP, frente a eso, situar la
discusión en el objetivo final que tuvo ese reguero de asesinatos y muerte, hace
aún más legitimo el homenaje al MIR, al Frente, o a todas aquellas fuerzas que
construyeron un horizonte de cambios y se la jugaron para hacerlo realidad.
III. ¿El para qué?
El MIR en su declaración de principios estableció como objetivo estratégico el
derrocamiento del sistema capitalista y la construcción del socialismo. Respondía
así a un momento histórico, donde el enfrentamiento estaba enmarcado en la
bipolaridad de dos grandes bloques hegemónicos.
¿Son aquellos objetivos, los que deben hoy sentar las bases de un proceso de
construcción de una izquierda transformadora del siglo XXI?
El horizonte de cambio debemos dibujarlo sobre lo posible. Y a nuestro juicio, lo
posible y alcanzable hoy pasa por desarticular los candados neoliberales que
caracterizan al sistema capitalista moderno, y en particular, el chileno.
Es tal la magnitud del terremoto social producido por la desaparición de los tejidos
sociales y la disolución de las formas tradicionales de producción y reproducción
del capital, y el crecimiento exponencial en la concentración de la riqueza que ello
conlleva, que la sola superación de estas características neoliberales del
capitalismo moderno, constituyen por sí sólo, un objetivo estratégico para la
izquierda del siglo XXI.
Eso significa, recuperación de un Estado fuerte, con derechos sociales garantizados,
con capacidad de diseño estratégico y regulatorio de la expansión industrial, con
recuperación del control sobre nuestros RRNN, pero con una característica
adicional: con el necesario fortalecimiento de lo local y regional, como un horizonte
de tránsito a formas más comunitarias de poder y auto organización de lo
económico y político, requisito clave para pensar un modelo de superación del
capitalismo en el futuro.
Estamos hablando por tanto, de desarmar el modelo neoliberal, recuperando un
rol activo del Estado y de los derechos sociales universales, todavía en un marco
preponderante del rol de la propiedad privada sobre los medios de producción,
pero con la apertura a formas más comunitarias y colectivas de los mismos, y que
debiesen ser crecientes, lo que Álvaro García Lineras, vicepresidente del Estado
Plurinacional de Bolivia, ha llamado un “capitalismo andino-amazónico”, para
caracterizar el modelo que el proceso boliviano se ha fijado para esta etapa
histórica.
Esto significa entonces, una izquierda sin discursos maximalistas, sino, con una hoja
de ruta que sume mayorías, haga sentido y sea alcanzable y realizable.
IV. ¿Con quiénes?
La tesis del MIR para llevar adelante su estrategia fue la de la unidad campesino-
obrero, para después sumar el concepto emergente de pobladores. En esto fue un
salto con respecto a la izquierda tradicional de su tiempo. Pero no fue suficiente.
Frente a las contradicciones y agudizaciones que el proceso de la UP fue
generando, la pérdida de las clases medias fue determinante en la derrota del
proyecto.
¿Con quienes debe avanzar la izquierda del siglo XXI?… con los humildes,
pobladores, trabajadores, y por supuesto, las clases medias. No hay proyecto
político posible de ser exitoso, sino sumamos a las clases medias chilenas,
profesionales de universidades privadas, endeudadas, desesperanzadas de todo
cambio social, pero aspiracionales en sus estatus socioeconómico, al proyecto de
cambio. En lo económico es clave romper la alianza empresarial espuria entre el
empresariado rentista y concentrador y las PYMEs.
En la discusión educacional, de reforma tributaria y laboral, la derecha y los
sectores conservadores han sabido generar los miedos de una clase media que no
está dispuesta a perder sus “logros”, y han logrado ponerla en contra de los
proyectos de reformas, que limitados, han ido en una dirección de cambio que la
ciudadanía mayoritariamente pedía. No basta por tanto, tener una mayoría
circunstancial en un momento electoral, la construcción de una hegemonía a través
de una alianza estratégica de los sectores populares y de clases medias es clave
para avanzar en el proceso de cambios que una izquierda del siglo XXI se coloque
como hoja de ruta.
V. ¿Cómo?
El MIR desechó el camino electoral en un momento histórico clave, como fue la UP.
Con un estado de movilización social y popular en ascenso, y donde incluso, en
términos electorales, la UP fue siempre consiguiendo resultados electorales
crecientes: 1 millón de votos el 70; 1,4 millones el 71; y 1,6 millones el 73.
El MIR optó en cambio por consolidar y profundizar el Poder Popular. La auto-
organización de las clases populares, y que esa práctica expandida se creara un
poder paralelo al modelo institucional dominante. En esto, también creo que el
MIR hizo un aporte tremendo.
¿Pero eran contradictorios ambos procesos?
La democracia liberal está hoy en crisis, sin duda alguna. Los niveles de abstención
y apatía a los procesos electorales son crecientes y globales. Pero a nuestro juicio,
no es justificación alguna para no entrar a la cancha de la institucionalidad
burguesa e intentar tomar el poder administrativo del Estado. La experiencia de
cambios que se ha dado en Latinoamérica en la última década es una muestra
contundente al respecto.
La experiencia militar debe ser descartada como estrategia para la toma del poder.
No dice ello, que un proceso de agudización de conflictos no nos lleven a enfrentar
ataques directos de aquellos sectores que pierden sus privilegios, y así lo vemos en
Bolivia, en Venezuela y en Ecuador. Pero el camino hacia las transformaciones debe
hacerse siempre sobre la base de la lucha democrática, aún, en los escenarios más
difíciles de confrontación. No hay sociedad nueva que pueda nacer de la punta de
los fusiles. La revolución, como Saturno, termina devorando a sus propios hijos.
Experiencias creo que sobran.
La lucha democrática, electoral, es un camino necesario, más no suficiente. Si
hubiese que pensar en una axioma, se podría decir que no hay superación al
capitalismo si este no emerge “de abajo hacia arriba”, pero a la vez, no hay
posibilidad de viabilizar ese camino, hacerlo real, generar las condiciones históricas
posibles, sino antes se establece un proceso de cambios “de arriba hacia abajo”.
Por cierto, no es una ecuación científica, los procesos sociales son procesos
dinámicos, pero en cierto sentido la experiencia reciente de nuestro continente y
las particularidades del momento histórico que nos toca vivir, muestra que el
proceso de cambios puja en esa dirección.
Hay que crear poder popular, hay que crear y promover la autonomía y la auto-
organización de los sujetos sociales, es esencial la transferencia de poder a la gente
para que ella decida, por sí misma y colectivamente, su destino, pero hay que
tomar el control del Estado, hay que disputar y ganar los gobiernos nacionales,
regionales y locales, para empujar y acelerar nuevas formas de poder y
representación. A mi juicio, sin el control administrativo del Estado, los procesos de
poder popular pasan a ser procesos testimoniales, in-visibilizados o definitivamente
desarticulados.
VI. Combatir el Sectarismo
Un mensaje a la izquierda.
Podrán ser diferentes nuestros caminos, nuestra estrategia y táctica para viabilizar
los procesos de transformación, pero en la izquierda y en el progresismo no están
los enemigos, como dijo Miguel Enríquez en los funerales de Luciano:
“El sectarismo es una deformación que se ha dado en otros procesos
revolucionarios y que se ha manifestado a veces en Chile y que como deformación
en las organizaciones de izquierda debe ser combatida y aplastada como única
forma de poder golpear unidos y con más fuerza a nuestros enemigos de clase”.