Crecimiento sustentable de la economía requiere no solo de confianza, sino de reformas.

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Entrevista a Marco Enríquez-Ominami en diario Estrategia
El ex candidato presidencial, líder del Partido Progresista, aseguró que el país requiere reformas estructurales, pero que se debe mejorar el trabajo pre legislativo. Además llamó a mantener el impulso fiscal contracíclico en el contexto de desaceleración.

–La segunda fase del Gobierno está marcada por el “realismo sin renuncia” que acuñó la P res i denta, pero no queda claro a qué apunta este nuevo lema. ¿Cuál es su lectura del rumbo de la administración?

–Creo que el problema no es la nueva declaración de la Presidenta, sino que se ha perdido el sentido de las reformas. Ante tanta confusión en el diseño e implementación de éstas –y ante el ánimo obstruccionista de la oposición se está perdiendo el sentido transformador y modernizador de las reformas. Sin darle proyección y sentido es imposible empatizar con estas. Es esencial que la Presidenta exija a sus ministros aclarar hacia dónde quieren llevar a Chile, es decir, explicitar más los fines que se persiguen con las reformas, y plantear cuáles son los mejores caminos para obtenerlos. Por ahora, vemos cierta confusión en los fines, y los caminos elegidos no parecen ser los mejores en términos de eficacia, eficiencia y equidad.
¿Para qué se quiere reformar la sociedad? ¿para una sociedad que sólo aminora riesgos? Por mi parte, creo que el rumbo del Gobierno debiera ser el cambio a una sociedad de derechos garantizados, con crecimiento y sustentabilidad social y ambiental para todos.

Por otra parte, hay que reconocer que el crecimiento ha declinado en parte por razones estructurales y en parte coyunturales. Algunas de ellas -como el fin del ciclo de inversión minera y las turbulencias chinas y europeasson de orden internacional, como acaba de subrayar el más reciente informe del FMI sobre Chile, pero también en parte por razones que se explican en lo interno. En eso último creo que ha faltado conducción, nitidez en las reformas y ambición. Por ejemplo, el debate constitucional se ha postergado con ambigüedades y eso en vez de ayudar a la economía la perjudica, pues mantiene un flanco para que los interesados en ampliar incertidumbres fantasmagóricas puedan hacerlo.

–¿Qué responsabilidades visualiza respecto a la conducción del Gobierno , sobre todo mirando las pobres cifras de aprobación en las encuestas del Ejecutivo y el clima de desconfianza que prima en el país?

–Creo que los ministros han empantanado el debate de las reformas producto de una cierta improvisación y de contradicciones sobre sus fines. La Presidenta ha trazado un camino que sus ministros no han logrado recorrer. Creo que a estas alturas deben todos bajarse de la micro para sacarla del pantano. Da la impresión que algunos miran desde arriba de la micro el problema. La Presidenta en eso ha estado bien: exigir más a sus ministros

–En el plano económico, la desaceleración vuelve a resurgir con fuerza, luego de un débil segundo trimestre. ¿No es necesario moderar algunos cambios de manera de otorgar más certezas al sector privado?

–Los cambios son necesarios. Pero deben hacerse bien. No es cierto que el tema sea la cantidad de reformas. Por ejemplo: ¿alguien cree que no debe reformarse la educación en Chile, fortaleciendo la educación pública?, ¿alguien cree que no se debe reformar el sistema previsional?, ¿alguien cree que no se debe reformar el rol del Estado en la energía?, ¿y en la infraestructura y el transporte? El punto no es si son muchas o pocas reformas las que se necesitan, sino que hacerlas bien y con una ambición bien expresada en el Congreso y en el debate público, con plena interlocución con los actores económicos y sociales. Por otra parte, paí- ses que no han hecho reformas importantes también conocen tasas de crecimiento a la baja: Perú, por ejemplo. Creo que el camino es dialogar, avanzar y mejorar el trabajo pre legislativo. Insisto, se improvisa mucho y se pretende implementar políticas públicas trascendentes sin atender la complejidad de las regulaciones modernas que deben establecerse en el contexto del marco legal de Chile.

–¿Qué medidas debería impulsar el ministro de Hacienda para reactivar las inversiones y dinamizar la actividad económica?

–Por una parte, recrear un clima de confianza para el diálogo. Por otra, mantener un impulso fiscal transitorio importante. La inversión y el consumo conocen un declive marcado. Ante eso se debe, a nuestro juicio, mantener en el corto plazo un gasto fiscal contracíclico y una política monetaria menos restrictiva para volver a la senda de crecimiento potencial. Por ejemplo, aumentos del orden del 1% del PIB de la inversión en infraestructura, tendrán también efectos de largo plazo, entre otras medidas. Por otra parte, también se debe abordar un enorme pendiente: el funcionamiento del Estado, que debe urgentemente profesionalizarse en su gestión. Tenemos un Estado capturado en ciertas áreas por una insana partidocracia, pitutocracia y otras tantas veces un Estado sin las capacidades para implementar políticas públicas, y en especial obras públicas importantes como las construcciones de hospitales y de infraestructura social y productiva en diversas áreas. Por otra parte, es bueno que, ya que la reforma tributaria entrará en pleno régimen en 2018, se despejen las dudas sobre las reformas aprobadas. Por último, creo que ante el fin de un ciclo de altos precios de materias primas que impulsaron el crecimiento en Chile y en América Latina en su conjunto, se hace urgente revisar nuestra política de innovación, de desarrollo industrial, la inversión en ciencias y tecnologías, y en especial promover una fuerte y rápida transición energética, entre otras cosas. Es decir, no seguir esquivando el camino largo. Los atajos a veces pueden confundirnos respecto de la finalidad.

– Sobre la reforma laboral, los gremios empresariales y varias figuras destacadas de la Concertación han pedido incorporar el reemplazo i nterno en huelga y ampliar los pactos de adaptabilidad. ¿Cuál es su postura?

–Creo que debatir elementos de la reforma de modo aislado es hacerse trampa. Se trata del poder del empleador y del trabajador. Son muchas variables. Francia tiene una sindicalización no tan alta pero tiene negociación por rama, lo que garantiza un piso mínimo. Otros países dotan de mayor o menor poder a los sindicatos, pero en sociedades con seguros sociales potentes o educación gratuita de calidad. Por otra parte, el debate laboral también debe darse sobre el sistema y no sobre cada tema en particular. Es una temática con variables que deben conversar entre sí. Nosotros sí creemos que, lo que de verdad debemos cambiar, es la asimetría insana entre trabajadores y empleadores en la gran empresa. En esto es importante la negociación por rama, la que por lo demás se realiza en la práctica en diversas áreas, todavía puntuales, con buenos resultados. Con eso habría pisos mínimos por sector y después cada gran empresa podría a su vez acordar condiciones nuevas y favorables para la productividad y bienestar del trabajo. Pero ciertamente, nos parece que la negociación por rama aborda el fondo del problema

–¿Ve peligros de mayor desempleo producto de esta reforma, o de mayores índices de conflictividad al interior de la empresa?

–Sostenemos, como progresistas, que no es una reforma laboral la que va a agudizar lo que Chile conoce hace décadas: una matriz productiva fuertemente dependiente de los recursos naturales, con poco valor agregado, que nos condena a ciclos macroeconómicos agudos y frecuentes con pérdida de empleos y conflictividad, en un contexto estructural de procesos productivos de bienes y servicios en que los puestos de trabajo exhiben una baja productividad y competitividad. El problema es una ausencia de inversión suficiente en educación universitaria y técnicoprofesional pertinente y en masivos procesos de formación continua que permitan la permanente adaptación del aparato productivo, junto a políticas de financiamiento e innovación hoy casi inexistentes. Nuestra economía no logra incorporar fluida y permanentemente, con algunas notables excepciones, procesos productivos de punta y concebir productos de alto valor agregado. En estos temas debemos conversar reformas de última generación.

– Algunos sectores políticos plantean que este escenario debe enfrentarse usando el Fondo de Estabilización Económica y Social, de manera de mantener las promesas de campaña. ¿Es tá de acuerdo con esta medida?

–Nos parece que la política contracíclica definida hace más de una década es un camino que debe abordarse sin miedos. Para eso fue creada. Como fruto de esa política, Chile tiene hoy un nivel de deuda sana. Hay margen razonable y cauto para actuar.

Soy un optimista. Chile es un país aún con condiciones sólidas. Pero la inercia, el miedo, la judicialización de la política paralizan a los gobiernos y parlamentos. Para salir de este clima se requiere actuar. No se requiere gobernantes árbitros, sino gobernantes en acción.

–A pocas semanas de comenzar el debate presupuestario ¿Dónde cree que deban ponerse los énfasis para 2016?

–Aumentar el gasto en educación, salud y vivienda y urbanismo. Y fuertemente en infraestructura y Ciencia y Tecnología.

–¿Es compatible el progresismo con un alto crecimiento económico?

–Lo es en el mundo entero. Pero para eso se requiere atender que el crecimiento debe ser para todos y no para algunos. Cosa que Piñera no ha querido entender. A su vez, se requiere que ese crecimiento sea sustentable para todos. Ese desafío es el más complejo. La desigualdad no sólo se combate con crecimiento. Eso no es cierto. Se requiere crecimiento, sustentabilidad y reformas sociales. Es decir, un cambio de orientación en la política del país y nuevos liderazgos.

Fuente: Estrategia

 

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